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viernes, 26 de febrero de 2021

El pensamiento positivo crea opciones de acción

 

 El optimista y la lluvia

"Quería salir a pasear como hago cada tarde; es mi gran momento del día porque desconecto de la presión del trabajo y recargo mis pilas... pero está lloviendo. Esperaré a que amaine, seguro que no va a durar mucho y podré disfrutar de mi querido paseo."

El optimista cree que las cosas irán bien, que irán a mejor, que finalmente alcanzará su objetivo, que será feliz, etc. El optimismo es ciertamente atractivo y -a veces- hasta podría ser considerado una droga ya que genera una gran adicción a quien la consume, tiene un coste de producción muy bajo, se difunde rápido y es atractiva y placentera

Sin embargo, el optimismo tiene una parte negativa y puede generar devastadoras consecuencias por lo que podría considerarse una droga muy peligrosa: el optimismo eleva las expectativ@s del individuo, proyecta ante sus ojos un futuro luminoso y le hace creer, además, que las cosas buenas pasarán por arte de birlibirloque así que sólo le resta esperar.

La decisión activa de la persona que piensa en positivo

La persona que piensa en positivo no espera nada: lo crea. Su forma de ver el mundo le hace valorar pros y contras, riesgos y certezas, y desde esa información toma decisiones: en ocasiones no hace nada porque nada de lo que hiciera generaría el resultado deseado; en otras ocasiones decide actuar en una dirección u otra usando los recursos que considera adecuados y teniendo en cuenta con qué probabilidad puede alcanzar lo que desea.


En el lluvioso ejemplo anterior una persona positiva probablemente diría lo siguiente:

"Quería salir a pasear como hago cada tarde; es mi gran momento del día porque desconecto de la presión del trabajo y recargo mis pilas... pero está lloviendo. Si para mi es tan importante mi paseo me pondré un impermeable y saldré a pasear aún a riesgo de mojarme un poco."

Sin duda se trata de otra manera de ver lo que sucede, ¿verdad?... y, si has leído algunos de mis anteriores posts, te habrás dado cuenta sabes que ésta es la frase que yo diría habitualmente.

Una última opción

En este post falta algo ya que no hemos hablado de los pesimistas.

Como en el caso de los optimistas, este tipo de personas hacen predicciones sobre el futuro el cual -en base a sus experiencias pasadas o simplemente debido a sus filtros de pensamiento- han decidido que será malo, peor o incluso terrible y que, además, no podrán hacer nada para cambiarlo. Imaginemos qué diria un pesimista en la misma situación del inicio del post:

"Quería salir a pasear como hago cada tarde... pero está lloviendo y seguirá lloviendo y si salgo me mojaré y me resfriaré y me tendré que quedar en casa y esto será un desastre, etc."

El pesimismo nos hace pequeños, nos debilita y sobre todo nos impide generar opciones de acción.

Conclusión

1. El optimista vive de la expectativa esperanzada y ilusionante y espera que pase lo que desea

2. El pesimista vive con el peso de la expectativa negra y no hace nada porque nada podrá cambiar nada

3. La persona con pensamiento positivo no espera que pase nada: acepta la realidad en la que vive, acepta lo que no puede controlar y lo que puede controlar, y toma decisiones para que pase lo que considera importante.

 

¿En cuál de estos perfiles te reconoces más? ¿Cómo está afectando tu perfil tu forma de decidir, el nivel de confianza que depositas en los demás o, incluso, tu forma de liderar? 


Si quieres adoptar un pensamiento positivo, abandonar el optimismo y el pesimismo infundado y tomar mejores decisiones, escribe un mail a avalero@successmind.es y te cuento cómo conseguirlo.


Referencias


martes, 15 de diciembre de 2020

¿Conoces los 6 beneficios que aportan los conflictos?

  

 

 

 

 

 

 

 

 

El mero hecho de pensar en la palabra "conflicto" hace que nos sintamos intranquilos, crispados, tristes, tensos... sea cual sea la emoción que nos genera esa palabra no suele tener nada que ver con la relajación, el sosiego o la alegría.

El conflicto siempre ha tenido muy mala fama... de hecho en la mitología griega se personificó en la diosa Eris (o Éride) y se la consideraba una personaje cruel que buscaba constantemente el conflicto; era hermana de Ares (el dios de la guerra) y entre sus hijos y hijas se contaban personajes tan "peculiares" como la Pena, el Olvido, el Hambre, el Dolor y el Juramento.

Su poder era devastador ya que generaba tensiones entre los humanos y los dioses llegando a provocar en una de sus intervenciones más famosas la terrible Guerra de Troya que muchos de nosotros conocemos por la versión fílmica de Wolfgang Petersen.

Pero... hablemos de conflictos más terrenales

El conflicto está presente hoy en día en todas partes y se origina con mucha facilidad: sólo hace falta que pongamos dos hinchas de dos equipos diferentes a observar un partido de fútbol y no tardarán mucho a empezar a discutirse.

- ¡Madre mía, qué patadón le ha dado!... ¡Es un asesino!

- ¿Qué dices?... ¡si no le ha tocado!

- ¿Que no le ha tocado?... ¡le ha ido a la yugular!

- No te enteras de nada... La gente como vosotros dais pena...

- ¿Que yo doy pena...?

 ... Y a continuación llega el puñetazo.

El conflicto a menudo pone al descubierto la peor versión de todos nosotros -o, al menos, de la mayor parte de la población mundial- ya que surge cuando se producen 2 circunstancias:

  1. sentimos que ciertos elementos que para nosotros son importantes -como los objetos, las ideas, los valores o nuestra identidad- están en peligro
  2. nuestra percepción de la realidad choca de alguna manera con la de los demás

No hace falta que esos elementos estén realmente en peligro... sólo hace falta que "percibamos que están en peligro" y este es el motivo por el que la inteligencia emocional juega un papel primordial: las personas con un bajo nivel de inteligencia emocional, en especial una baja autoconciencia emocional y una baja autoregulación emocional, tienden a tener percepciones de la realidad más sesgadas que los que presentan niveles altos; lo cual les aboca al secuestro emocional y al desfogue físico o verbal incontrolados.

Obviamente, la culpa es de las emociones...


Ésta es sin duda la conclusión a la que llegamos sin reflexionar demasiado; a continuación resulta fácil concluir que, si las emociones surgen cuando sentimos que algo nos amenaza, deberíamos eliminar las emociones y de esta forma eliminaríamos el conflicto.

En 2002 se estrenó una película que precisamente proponía esta tesis: Equilibrium, dirigida por Kurt Wimmer y protagonizada por Christian Bale. No quiero hacer ni una crítica de la película ni un spoiler pero sí debo comentar que la película no se sostiene a partir de los 30 minutos ya que, inevitablemente, los personajes acaban sintiendo emociones porque, de lo contrario, no pasaría nada interesante en la película.

La verdad es que las emociones no son culpables de los conflictos -de hecho las emociones no son culpables de nada de nada- y no deben ser eliminadas: las emociones son las reacciones que los individuos experimentan a los cambios del entorno, algo que es inevitable. 

Las emociones, además, son necesarias para tomar decisiones ante esos cambios: cada una de ellas nos abre ciertas posibilidades de acción como por ejemplo pedir ayuda ante un reto superior a nuestras capaciades, activarnos para el ataque o la defensa, promover el recogimiento ante la pérdida o generar comunidad compartiendo alegría.

Las referencias sobre la importancia de las emociones para vivir en sociedad son múltiples y, para no extenderme, sólo citaré la historia de Phineas Cage y las dificultades que experimentó para mantener relaciones sociales equilibradas tras sufrir un terrible accidente que afectó las áreas del cerebro encargadas de gestionar las emociones.

Las emociones son imprescindibles... y no son el problema

Efectivamente las emociones son imprescindibles y los conflictos son inherentes al ser humano: de hecho, son inherentes a la existencia y a la vida ya que surgen de la relación entre los seres -humanos o no- y su entorno.

No hay ningún motivo para asociar el conflicto por sí mismo con el mal y el dolor; en el mundo de la empresa, por ejemplo, Patrick Lencioni menciona en su famoso libro "The Five Dysfunctions of a Team" la necesidad de generar "conflicto creativo" como mecanismo para superar la segunda disfunción de los equipos, "el miedo al conflicto".

Más allá del ámbito organizativo, varios escritores y filósofos han reflexionado sobre la naturaleza, riesgos y conveniencia del conflicto y no pocos hacen referencia al mismo de una forma parecida. Valga como ejemplo la famosa cita del escritor chino Lin Yutang:

Vivimos en un mundo diverso con personas diversas que tienen visiones diferentes sobre el mismo mundo y, con el ritmo creciente de población mundial, estas diferencias cada vez serán más y más grandes. Por este motivo el esfuerzo no debe centrarse en evitar el conflicto sino en mirarlo de frente y gestionarlo adecuadamente.   

En conclusión: el conflicto no es malo... lo que es malo es la mala gestión del conflicto. 

¿Qué beneficios puede aportar el conflicto cuando se gestiona adecuadamente?

Si somos capaces de observar al otro no como un "enemigo" sino como "el otro", si estamos dispuestos a negociar para encontrar soluciones que beneficien a ambas partes y si nos proponemos aceptar que otras visiones pueden ser legítimas, estaremos algo más cerca de la gestión efectiva del conflicto y de obtener beneficios asociados a nivel individual, colectivo y orgaizativo.

A continuación os presento los 6 beneficios principales del conflicto bien gestionado:

  1. Un conflicto fomenta la consideración de nuevas ideas y enfoques y conduce a la gestión efectiva de la innovación y del cambio
  2. Un conflicto evidencia la existencia de un problema que debe ser resuelto: sin conflicto no percibiríamos los problemas con los que están asociados y nos mantendríamos en la zona de confort, estáticos, dejando que las cosas pasaran
  3. Un conflicto libera energía individual o grupal que es imprescindible para generar soluciones creativas a los problemas a los que nos enfrentamos
  4. Un conflicto permite el contraste de visiones ante un problema o un hecho y, por tanto, la elección o el diseño de una solución que tiene en cuenta más puntos de vista, de más calidad y de mayor impacto
  5. Un conflicto permite que nos entrenemos en la regulación de nuestras propias emociones y en la identificación de las emociones de los demás; de esta manera perfeccionamos nuestras habilidades sociales y generamos grupos más cohesionados
  6. Un conflicto estimula la curiosidad, el interés y la búsqueda de información ya que nos obligan a considerar otros puntos de vista y preguntarnos sobre los motivos de los comportamientos de otras personas
Ver "el lado bueno" de los conflictos no es fácil; de hecho, requiere mucho coraje y esfuerzo, y una buena dosis de humanidad, algo que se da por hecho pero que a menudo brilla por su ausencia.

Conclusión

  • Vivir evitando conflictos es como vivir con los ojos vendados en una isla situada sobre una zona sísmica: sólo es cuestión de tiempo que llegue el gran terremoto y, cuando lo haga, sólo quedarán ruinas y escombros
  • Mirar el conflicto de frente, comprender su naturaleza, aceptar su existencia y, además, valorar los beneficios que nos puede afrontar cuando lo gestionamos adecuadamente, significa haberse quitado la venda en la isla que mencionábamos y prepararnos para algo inevitable y, muy a menudo, necesario para generar nuevas alternativas. 
  • La mentalidad con la que nos acercamos al conflicto y nuestras habilidades para la gestión de las emociones propias y de otras personas son piezas fundamentales para mirar el conflicto como una oportunidad y no como una amenaza.
Si quieres saber más sobre cómo gestionar conflictos de forma positiva en tu entorno profesional o personal escribe un mail a avalero@successmind.es y te cuento cómo conseguirlo.

jueves, 30 de enero de 2020

¡Dame reconocimiento!



¿A quién no le gusta que le den reconocimiento?


A mi... ¡me encanta!

¿Y a ti?

No te mientas... a ti también... aunque sólo sea un poquito... o "un muchito"...

Tod@s buscamos reconocimiento... y no se trata de una cuestión de orgullo o de eogismo: es una necesidad del ser humano para desarrollarse como individuo desde las etapas más tempranas, desde la infancia.

Recibir reconocimiento quiere decir que significas algo para alguien... 

La pregunta es... ¿para quién significas algo?


Opción 1. Significo algo para los que me rodean


Las madres y padres dicen "Mira que niña más guapa que tengo" mientras enseñan a sus amig@s una foto de su hija de 4 años; algunos hermanos y hermanas se dicen "Mi hermano es lo mejor del mundo"; durante un tiempo los miembros de una pareja se dicen el uno al otro "Eres lo mejor que me ha pasado".

Todo esto es reconocimiento externo: alguien a tu alrededor se da cuenta de que estás ahí y te describe con sus palabras... en este caso cargadas de positividad, afortunadamente. Este es el reconocimiento positivo.

Del reconocimiento externo ya nos habló Maslow en su famosa pirámide que no voy a tratar aquí para no alargarnos y que me parece una aproximación interesante a este tema:


Junto a ese reconocimiento positivo hay otra opción denominada reconocimiento negativo el cual, aplicado a las 3 situaciones anteriores, podría tomar la forma de las siguientes oraciones:
  • "Mira que niña más fera que tengo"
  • "Mi hermano es lo peor del mundo"
  • "Eres lo peor que me ha pasado".

Algun@s diréis que esto no es reconocimiento, que es un ataque en toda regla; si éste ha sido tu pensamiento quizás deberías observar estas oraciones cumplen con las 2 condiciones que utilizamos para describir este concepto y que por tanto sí es reconocimiento:
  • alguien a tu alrededor se ha dado cuenta de que estás ahí (y no le gustas)
  • alguien a tu alrededor te describe con sus palabras (que son negativas)

Hay aún una tercera opción de reconocimiento externo, más neutra, más objetiva, más estable, menos personalista, que pone el foco en el que lo recibe y no en quien lo da... y le llamamos feedback objetivo.

En el ámbito laboral el feedback objetivo es un regalo del/la manager a su colaborador@  cumpliendo con una de sus tareas más importantes: ayudar a su colaborador@ a tomar conciencia de qué hace y qué consecuencias tiene ese comportamiento en su rendimiento.

Opción 2. Significo algo para mi

Al margen de lo que opinen los demás sobre mi hay otra voz que lanza sus opiniones sobre la persona: yo mism@.

Este conjunto de pensamientos, interpretaciones, expectativas y autodiálogo interno se denomina "contenido cognitivo’ y adquiere una importancia primordial en la configuración de nuestra autoimagen.

Para algunas personas esta voz es implacable, mortífera o arrolladora y esta cargada de reproches, acusaciones y valoraciones negativas: eres tu mism@ destruyendo tu autoestima ; para otras personas esta voz es ensalzadora, elevadora y emborrachadora: eres tu mism@ diciéndote todo lo bueno que haces y eres.

Para un tercer tipo de personas, esta voz les explica de forma objetiva quiénes somos, sin valorar si lo que somos y lo que hacemos es bueno o malo: este discurso interno describe sin opinar, algo realmente difícil para la mayoría de las personas.

En el ámbito laboral el discurso interno está presente en todo momento: por ejemplo, cuando un@ manager me pide que haga algo y también cuando no me lo pide, cuando un@ compañer@ se excede en sus funciones ocupando mi espacio de competencia o se inhibe de hacer algo que le correspondería, etc. Nuestra mene no se está quieta ni cuando dormimos y con este diálogo silencioso pero impactante nuestra mentre quiere darnos significado.




¿Reconocimiento o dinero?

Llevo un rato hablando del reconocimiento como si fuera lo más importante del mundo y quizás estés pensando en aquellas personas que te rodean que dicen con voz de trueno: 



Yo he escuchado frases como ésta, tú las has escuchado y hasta es probable que ambos lo hayamos dicho o pensado en algun momento; sin embargo, si reflexiona un poco observarás que es absolutamente extrema y que pretende elevar a categoría universal algo que ni tan sólo podemos demostrar a pequeño nivel.

En las empresas de 2020 podemos encontrar individuos de 5 generaciones -Baby Boomers, generación X, generación Y, generación Z y generación T- y, aunque ciertamente sus valores y estilos de vida son diferentes, a todos les une la necesidad de recibir reconocimiento, algunos sin duda en forma de dinero... pero no todos. Y hay datos que lo demuestran.

Uno de estudios más interesantes que conozco sobre sobre la relación existente entre reconocimiento y dinero lo realizó Make Their Day y sirvió para descubrir que el 70% de los empleados encuestados consideraba que el reconocimiento de mayor significación para ellos NO tenía que ver con dinero.


Esta es una gran noticia para los managers que no pueden aumentar las nóminas de sus colaboradores pero sí darles reconocimiento; si este es tu propósito, los autores del estudio afirman que el reconocimiento que impacta debe incluir como mínimo 1 de estos 4 elementos: alabanzas/elogios, agradecimiento, sentido de la oportunidad y muestra de respeto. Si en tu acto de reconocimiento no cumples con esta regla no estás dando reconocimiento sino un incentivo, un premio, un regalo o una conmemoración.
Llegó el momento de escoger: o le das crédito al vox populi sobre la importancia del dinero o te planteas un estilo de gestión del equipo basado en el reconocimiento en sus múltiples formas.

...

Si te gustó este artículo y quieres saber más sobre el estudio que he comentado escríbeme en avalero@successmind.es y compartiremos aprendizajes.

¡Gracias por haberme dedicado tu tiempo!

jueves, 5 de diciembre de 2019

¿Cómo afectan mis creencias a mi comunicación?

"Pienso luego existo" decía Descartes.

Nuestro pensamiento nos permite tomar decisiones, evaluar, priorizar, y sin duda ha sido uno de los factores que nos ha permitido evolucionar como individuos y como especie. El pensamiento es un aliado de nuestro desarrollo... pero a veces también es un freno.

Nuestro pensamiento está condicionado por la información con la que trabaja y el tipo de información está condicionado por nuestra capacidad perceptiva: cuanto más y mejor percibo más datos tengo y mejor decisiones puedo tomar, el menos teóricamente.

El cerebro procesa unos 400.000 millones de bits de información por segundo, pero sólo somos conscientes de unos 2.000 bits de esa cantidad. No somos capaces de percibirlo todo y lo que hacemos es seleccionar, simplificar o eliminar información. Con esos datos llegamos a las mejores conclusiones posibles pero no siempre a las correctas.

Una de las herramientas que tenemos para simplificar la información que recibimos y poder gestionarla son las creencias. Las creencias son afirmaciones sobre el mundo, sobre las personas, sobre las cosas, sobre nosotros mismas que consideramos válidas y que no cuestionamos.


Permíteme que te dé un ejemplo

En algun momento de nuestro desarrollo como niños o adolescentes observamos, por ejemplo, que un familiar conseguía un objetivo importante para su vida después de sufrir y de sacrificarse mucho...  y además vimos que sus amigos le felicitaban por haberlo conseguido tras tanta penuria... y además escuchamos una y otra vez en casa de nuestros padres que las cosas importantes cuestan mucho. Esa información llegó a mi cerebro una vez, y luego otra, y otra y otra y otra hasta que acabó construyendo una imagen del mundo que más o menos dice lo siguiente:


"Las cosas importantes en la vida sólo se consiguen con sufrimiento y sacrificio"

Cuando yo adopto esta creencia mi mundo empieza a reestructurarse:
  • "si quieres algo importante prepárate para sufrir"
  • "las cosas irán mal cuando te plantees conseguir lo que quieres: prepárate a sufrir"
    "sólo los fuertes consiguen lo que desean.. si no lo eres prepárate a sufrir"
  • "si sufres te querrán los que te rodean porque serás un campeón"
  • y etc.
Sin quererlo esa creencia inicial me ha llevado a otras que la realimentan generando un tipo de persona que ante cualquier reto futuro se está imaginando que va a sufrir. Y entonces empiezo a diferenciar 2 tipos de personas: "los sufridores" y los "no sufridores".

Y escojo cuáles me gustan, cuáles son "los buenos"... 

Y curiosamente "los buenos" son los que se parecen a mi.


Si en lugar de fijarte en el sufrimiento, te fijaras en el color de la piel, en las ideas políticas, o en el estilo de vestir o en cómo actúan los demás, posiblemente tus creencias estén llevándote a un lugar repleto de intolerancia y de negación de la diversidad. No sé si lo habías pensado alguna vez... 

Muchas de las creencias que tenemos son en realidad prejuicios o, como dice Álex Rovira, falsas creencias:




La construcción de una creencia es algo mucho más complejo que lo que acabo de presentarte y requiere de más tiempo y sobre todo de un alto componente emocional que las refuerza y mi intención era sólo acercarte a este interesante concepto.

Las creencias me permiten tomar decisiones más rápidamente aunque no siempre son las correctas.

Las creencias son filtros y afectan a mi comunicación

Eas creencias son uno de los filtros más poderosos de nuestro mapa mental pues deciden qué vamos a dar por cierto y qué vamos a rechazar. Aceptamos los datos que las confirman y desechamos los que las contradicen, de manera que, pase lo que pase, se fortalecen al punto de ser imbatibles. 

No es tanto lo que sucede sino la forma como lo interpretamos y el significado que le atribuimos, lo que configura nuestra experiencia: los sucesos fueron lo que fueron pero yo los vi de una forma determinada -probablemente parcial y sesgada-  pero con una intensidad o con tant frecuencia como para instalar una creencia en mi interior.

Las creencias no son en sí buenas ni malas pero pueden limitarnos o potenciarnos:
- una creencia limitante cierra opciones, nos obliga a actuar en un sentido que nos perjudica, que nos aisla, que roba éxito
- una creencia potenciadora abre opciones, nos permite tomar nuevas decisiones, nos conecta, nos proporciona éxito

Adoptar creencias potenciadoras te ayudará a crear contextos de comunicación más fluidos, más empáticos, más inclusivos en el que te permitirás preguntar al otro, reconocer que te equivocaste, llegar a acuerdos, escuchar al otro y, incluso, quedarte en silencio cuando no sepas la respuesta.


Si quieres saber más te invito a leer:


martes, 24 de febrero de 2015

Salvavidas para líderes en mares agitados (segunda parte)

Una vez llegados a tierra firme, nuestra aventura no ha hecho más que empezar: has aclarado tu objetivo, has establecido indicadores de evaluación y tienes un plan para alcanzarlos… pero es imprescindible comunicarlo al equipo.

Cualquier manual te dirá que para comunicar bien con el equipo es muy importante escuchar, transmitir de forma clara y honesta y hacer buenas preguntas, unos consejos que son útiles sin duda aunque muy generales. Uno de los managers que he tenido el placer de conocer me dijo un día que es clave saber con quién hablamos en nuestro equipo y que debemos recordar todo el tiempo que “tenemos que hablar al otro y para el otro”

De ese comentario, surge la necesidad de hacer un esfuerzo consciente por centrar el foco en la persona que me escucha y en su forma de comprender el mundo, en lugar de centrarme en mi mismo.

¿Con quién estás hablando?

Si estás de acuerdo que esta pregunta puede resolver una buena parte de los problemas de comunicación que tenemos con nuestro equipo, te invito a que conozcas  3 puntos en los que puedes mejorar: habla para que te entienda el otro, construye una imagen y genera congruencia en tu comunicación.




Punto 1

Yo ya sé lo que quiero decir pero mi interlocutor no lo sabe… por tanto, habla para que te entienda el otro y no para oírte una vez más.

Por ese motivo, te sugiero 3 consejos:
  • selecciona las palabras que utilizarás y asegúrate que lo que dices es comprensible (sobretodo) para la otra persona, no sólo para ti
  • promueve la aceptación de lo que expliques dando razones que sean interesantes y movilizadoras (sobretodo) para la otra persona, no sólo las que lo son para ti
  • aplica a tu conversación el ritmo y el tono que moviliza (sobretodo) a la otra persona, no el que te moviliza a ti


Veamos un ejemplo en el que Rosa, una manager comercial  muy extrovertida y directiva, habla con Pablo, un vendedor metódico, reflexivo y  poco emocional:

versión 1
versión 2
"Pablo, como todo el mundo sabe la presión de la competencia está frenando el crecimiento del negocio por lo que necesitamos que aumentes tu nivel de engagement esforzándote para vender más.
 ¿No crees que si te esfuerzas un poco más, vas a conseguir mejores resultados?"
"Pablo, desde hace 6 meses las estadísticas de ventas muestran que hemos bajado un 5% nuestra facturación principalmente por la presión de la competencia; por este motivo es necesario que redactes un plan de acción para aumentar tus ventas y reducir la bajada hasta un 2% en, por ejemplo, 3 meses.
¿Cuándo puedes tener hecho ese plan y presentármelo?"

¿Cuál de las dos versiones crees será mejor comprendida por ese vendedor metódico, reflexivo y poco emocional?


Punto 2


Mientras hablo con una persona, mi interlocutor construye una imagen sobre lo que cree que digo y actúa de acuerdo con esa imagen. 

Cada día cientos de conflictos se originan porque alguien creyó que otra persona le estaba diciendo algo completamente diferente a lo que realmente dijo y, sin pensarlo dos veces, nos culpamos los unos a los otros de no comunicarnos bien. Mientras tanto, cada uno sigue creyendo que lo que resuena en su mente es lo correcto sin darse cuenta que esto no lleva a la resolución del conflicto.

Veamos un ejemplo de este punto en el siguiente vídeo que a más de un lector le hará pensar en sus hijos:


Para evitar estas desviaciones es conveniente que midas la distancia que existe entre lo que querías transmitir y lo que el otro entendió, aplicando estos 3 consejos:
  • No asumas nunca que el otro te entendió: pídele que resuma qué esperas que haga por ti
  • Da ejemplos de lo que quieres conseguir, de cómo quieres (o te gustaría) que se hicieran las cosas, de las cosas que quieres que pasen, etc.
  • Descubre qué le hace ver las cosas de una manera diferente a la tuya y sondea con tu interlocutor si son creencias o realidades y cómo podéis transformarlas para poneros de acuerdo

Punto 3
El resultado de mi comunicación se concreta en los comportamientos y reacciones de los que me escuchan… por tanto, no sigas comunicándote igual con quien no hace lo que esperas y genera congruencia en tu comunicación.
 

Para lograrlo te recomiendo lo siguiente:
  • Dale hechos que corroboren tus afirmaciones y peticiones
  • Detalla qué quieres obtener, qué quiere que la otra persona deje de hacer o qué quieres que empiece a hacerlo
  • Presta atención al nivel de congruencia entre tu lenguaje no verbal (ligado con tu estado emocional) y tu lenguaje verbal (ligado con tu parte racional): si el nivel de congruencia es muy bajo, nuestro interlocutor tenderá a dar más importancia al mensaje no verbal ya que es más espontáneo y más difícil de controlar
Veamos un ejemplo de baja congruencia en la conversación que mantienen de pie Rosa y Pablo en la que ésta le pide que preste más atención a los detalles cuando elabora informes. En ese momento Rosa le dice en tono conciliador y con voz suavizada:
 
“No dudes en pedirme ayuda si la necesitas en cualquier momento…
ya sabes que yo estoy aquí para ayudarte, Pablo!”
 
Mientras pronuncia estas palabras su mirada tensa, sus brazos cruzados y sus pies orientados hacia la puerta de la derecha, le están diciendo a Pablo que esta es la última vez que tolera esos errores.
 
 

¿Crees que Pablo acudirá a ella cuando necesite ayuda? Yo tengo ciertas dudas... 


 

Notas

  • Si quieres saber más sobre la importancia de la congruencia entre lenguaje verbal y no verbal te recomiendo este enlace de Saroja Vasanth.
  • Si quieres saber más sobre cómo detectar a un mentiroso, este video de Elsa Punset puede ayudarte
  • Si quieres saber más sobre la importancia de la congruencia entre el lenguaje verbal y no verbal te recomiendo el video “Políticos. Delatados por sus gestos"
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